El policía preventivo siempre ha sido señalado, como el talón de Aquiles, de la policía municipal. El reto de la secretaría de Seguridad Publica y Tránsito municipal ha sido trabajar originalmente con un cuerpo sin disciplina, acusado de ser parte del problema delictivo mas que de su solución, un cuerpo señalado como propiciador de la violencia y con sus métodos de disuasión que fuera de la delaciòn solo eran eficaces cuando estaban apoyadas la vejación o el maltrato.
El Primer paso era conceptualizar exactamente a tarea del policía preventivo, estableciendo donde empezaba y donde terminaba el papel del policía de crucero o de barrio, cual era el mando real sobre aquel y a que sector correspondía desalentar las conductas dañosas. El policía preventivo no debía viajar en el cabùs , son en la maquina de la persuasión y de la flagrancia conduciéndola.
Si la policía preventiva no es capaz de asumir el liderazgo y el papel que el constituyente le confirió, la seguridad pública no estará a salvo de la improvisación y el empirismo.
Hoy se empieza a desarrollar una práctica común en la institución, la presidenta municipal defiende a la población no a los policías o servidores públicos de la institución. La impunidad no cabe en la Secretaría de Seguridad Publica. Lo ha dicho y lo ha repetido: Se permite, por inexperiencia meter la pata, pero no la mano hoy a reiterado, la primera regidora, que no va a bajar la guardia en el combate a la corrupción , a al insolecian y a la incompetencia, está en guerra contra los delincuentes con y sin placa .
Por ello, la formación de la policía debe de ser permanente y actualizada, impartida por profesionistas expertos en las distintas áreas, bien sean éstos integrantes del cuerpo o profesionales de otros campos. Nuevas formas de criminalidad, especialmente económicas, cada vez más sofisticadas y complejas, exigen una constante superación día a día.
Es necesario formar a los aspirantes y a los policías en activo en una cultura policial en la que prevalezcan las ideas de servicio público, respeto al ciudadano y conciencia de la importancia de las tareas de preservación de la seguridad de los individuos y de la colectividad.
Una profesión,. En eso debemos convertir el ejercicio de la función policial. Una profesión en la que sus estudiantes se sientan orgullosos de desempeñarla, y respecto de quienes la ejercen la sociedad sienta orgullo, satisfacción y confianza.